SALÓN DEL FUEGO V

Abordamos la cuestión Sagrado/Profano en un post-mundo pandémico.

Aspiramos a indagar colectivamente en el elemento fuego,
para encontrar en él la fuerza que nos permita la transformación, tan actual como inminente.

Pensar lo sagrado y lo profano a través de un elemento, del rito y las formas que adquiere es abrir un portal.

Proponemos un encuentro virtual y colectivo para abrir nuevas posibilidades,
reflexionar y accionar desde el arte, lo antropológico, la ciencia y el encuentro.

SAGRADO / PROFANO

Toda una tradición teórica del arte nos repite que el arte del siglo XX es huérfano de dios, la teoría hegeliana sobre la justificación artística, la vanguardia, el psicoanálisis, el capitalismo cultural convergen en una ideología secularizada del arte. Aún así la imagen sigue siendo el poder y la adoración.

En el primer capítulo de “La actualidad de lo bello”, Hans-Georg Gadamer comenta esto: «nuestro propósito es precisamente que la integración (entre la iglesia y la sociedad) ha dejado de ser evidente.» Esto nos convoca a pensar y retomar dos vectores irreductibles y conectados como es lo sagrado y lo profano. Como lo bello y lo siniestro, son la trama indivisible de la experiencia estética.

Pensamos qué deviene sagrado en la vida cotidiana y qué profana aquello que es sagrado en la vida social. En medio de lo sagrado y lo profano, actúa lo que es individual y lo que es social.

Si la propuesta para los artistas es pensar lo sagrado es porque hemos pasado mucho tiempo a solas, con vestigios de lo sagrado. Si evocamos lo sagrado como un vestigio, lo profano también será el resto de lo que podía profanarse.

Trabajamos desde la memoria, desde el homenaje, no desde la contingencia religiosa, sí desde la poética. Nuestra idea de lo sagrado siempre es mediata, a corto plazo. Lo inmediato es el capital, lo que ahora ocupa el lugar de lo sagrado.

Para generar una síntesis, lo sagrado es ideológico, como una construcción estructural y dialéctica entre capitalismo y religión. Pero es dialéctico en el sentido de que no se excluyen. Son dos vectores del mismo espíritu, la dualidad, el vacío y la plenitud, el significado y el significante. Podríamos definir con la fórmula lacaniana: lo sagrado se estructura como un lenguaje.

Lo sagrado es tan ideológico como místico. Pero aún así, en el arte sigue siendo más una poética que una justificación.

Ramón H. Oliva